viernes, 29 de enero de 2010

Estados del cerebro. 3horas 40 minutos. Mi Ada.

Resaltan y brillan en la sombra. Que hermosos los astros que decoran el firmamento. La temperatura allí fuera es gélida, pero bajo la protección de su vehiculo se esta bien. Adoro las noches en su regazo. Volver a sentir el palpitar de su corazón. Es como despertar a la pequeña Ada, que duerme en mi interior. Pobre e indefensa, se ha desvelado de su antaño letargo. No comprende su aparición, pero sonríe de felicidad. Sus ojos llameantes y regocijantes no creen en lo que ven. Tantas otras veces le ha parecido observarle, que ahora no tiene fe en ellos. Pero sus manos le gritan desesperadamente, que el tacto no miente. Mi Ada diminuta tiembla de impresión. Su sueño más anhelado se reproduce en versión original. Ella en su imaginación creía haber representado su voz. Pero la calidez del sonido es mucho más perfecta. Joven Ada que correteas por los pasillos de mi consiente y ahora te posas delante de su imagen. Las lágrimas son un torrente de emociones. Mendiga de las sobras de otra. Así mi carente Ada se halla en la absurda oscuridad. Miserable y desgraciada había conquistado a mi razón. Mi Ada, mi amada vuelve a descansar, lamentablemente solo ha sido una noche. Sabes perfectamente que la conciencia no es buena. Mi pequeña refúgiate del gélido viento y duerme en las sombras. Que la malvada agonía no perturbe tu ilusión. Damisela de suaves líneas acomoda tu frágil cuerpo, en el jardín del edén. Déjate llevar por el cansancio y no despiertes hasta su próximo regreso…

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