9
Y destrocé la silueta de las motas de polvo.
Y acabé con el vino, la fiesta y las sonrisas.
Y destruí mi alma
Y las lágrimas se apoderaron de mi rostro.
Y el amor se propagó en un fuego.
Y de las cenizas, renació el fénix.
Que colmó al cielo.
Enormes luces naranjas adornaron el firmamento.
El tiempo se volvió lento.
Las agujas se detuvieron.
Rompió el fuego y las llamas, mi fénix quebró sus alas.
Y descansa en el océano junto al náufrago.
Que pagó con creces su partida de la orilla.
Ni su tabla, ni sus ganas de vivir le permitieron seguir.
Y una tormenta partió el mástil de la ilusión.
Y se quedó donde yace el recuerdo de la esperanza.
lunes, 14 de diciembre de 2009
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